Raroia, el Paraíso de la Kon-Tiki

Con sus 76 Atolones de Coral desperdigados por una superficie de más de cincuenta mil kilómetros cuadrados entre las islas de la Sociedad y las Marquesas de la Polinesia Francesa, el archipiélago de Tuamotu fue un lugar a evitar cuando los primeros europeos empezaron a llegar a partir del siglo XVI.

Muchos de esos islotes eran habitados por tribus caníbales pero, sobre todo, era el intrincado laberinto de salientes y rocas de coral de sus aguas lo que amenazaba la navegación y que dieron el sobrenombre de peligroso a este archipiélago.

En la actualidad, sin embargo, atolones como los de FakaravaRangiroa y Tikehau figuran en gran parte de los circuitos turísticos de la Polinesia Francesa por el atractivo de sus lagunas interiores de un intenso azul cobalto, por sus infinitas playas de arena blanca bordeadas de palmeras y por la riqueza de sus fondos marinos que, año tras año, atraen a miles de buceadores y turistas interesados en los deportes marinos.

Pero aún quedan muchas otras islas del archipiélago que son muy poco conocidas y, sobre todo, mucho menos frecuentadas. Como Raroia. Un solo avión a la semana aterriza en su corta pista, que apenas cabe entre las aguas de su laguna y el océano. Un barco de carga visita el atolón una vez al mes. A veces con menor frecuencia.

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